Calle de la Hombría abajo,
Calle de la Hombría arriba;
¡Que romance hay en tu calle,
ay, vieja calle de Ricla!
Arco de San Sebastián,
barrio de la Judería,
sombras del castillo bajan
poniendo a tu gracia antigua,
cíngulo de nazareno
para tu cintura niña.
Los pasos que van y vienen,
chocan en tus piedras vivas;
la Luna te va besando
al filo de tus esquinas.
Ronda de mozos, que rondan
por la calle de la Hombría;
con la Hombría de tu calle,
la suya se identifica.
Cuando en noches de ronda,
rondan los mozos de Ricla,
su voz rotunda, en la noche,
a la noche crucifica. |
Ya no hay puerta que te
cierre,
tu puerta abierta a la brisa,
de par en par... ¡siempre abierta!
recia calle de la Hombría,
como el pecho de tus mozos,
romance que se perfila;
con brillos de cal y nardo,
calle abajo, calle arriba.
Por las piedras de tu calle,
vas empinándote altiva.
Diálogo de piedra y tiempo
en verbo, que no declina.
Pálido fulgor de estrellas;
acento que se eterniza;
Arco de San Sebastián,
barrio de la Judería,
que romance hay en tu calle,
¡ay! vieja calle de Ricla.
Me enamora la majeza...
¡de la calle de la Hombría!
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