|
|
|
|
EL PECHO DE HOJALATA Madrid. Mayo de 1.924. Fiestas de San Isidro. Tiempo espléndido. El día once se celebraba una corrida de toros con reses de la ganadería de Angoso para los matadores Nacional I, Valencia y Braulio Lausín, Gitanillo de Ricla. Nacional estuvo muy valiente con los toros que le correspondieron, siendo muy aplaudido. Valencia no acertó con su primero. Sin embargo al cuarto de la tarde le hizo una gran faena siendo ovacionado. El verdadero triunfador de la tarde fue, sin duda, Braulio Lausín. En el tercer toro, Gitanillo hace una faena valentísima. Al entrar a matar es cogido, sin consecuencias. En el sexto, hace una faena muy valiente y artística, con pases de todas marcas. Mata de una estocada. Ovación enorme, petición de oreja y salida de la plaza en hombros. La prensa de Madrid elogió sin reservas la temeraria valentía de Gitanillo: "En Madrid no recuerdan haber visto jugarse la vida a un torero con un valor ciego con que Braulio se la estuvo jugando toda la tarde; lo mismo lanceando de capa, que quitando por faroles con ambas rodillas en tierra, que pisando un terreno inverosímil al utilizar la muleta, Braulio emocionó de tal suerte, que los tuvo toda la tarde con la boca abierta, como si les faltara aire para respirar." En dicha corrida, Braulio, brindó la muerte de uno de los toros a su amigo, también matador de toros, Ignacio Sánchez Mejías. Éste, al saludarle, le echó una tarjeta en la que se podía leer: "Vale por un pecho de hojalata, porque el tuyo te va a durar poco como sigas toreando así.". Gitanillo, le contestó desde la arena: "hazte otro para ti de mi parte, que tampoco te irá mal". Unos días después, el día dieciséis exactamente, Gitanillo volvía a hacer el paseíllo en el mismo coso acompañando a Marcial Lalanda y al paisano Nicanor Villalta. Las reses pertenecían a la ganadería de Santa Coloma. El inmenso valor desplegado por Braulio Lausín el domingo último, había dejado un ardiente deseo de volverle a ver torear. El lleno era casi completo y la temperatura de pleno verano. En el primero, Lalanda no estuvo muy acertado y oyó una buena pita. Villalta en el segundo, a pesar de que la res no estuvo por la labor, fue aplaudido. Y llegó Gitanillo. El toro ’Rompelanzas’ muy nervioso. Gitanillo emociona a la asamblea con unas verónicas inmensas, ceñidísimas, escalofriantes. Con los avíos de matar, da muletazos con ambas manos, derrochando valentía; pero el público, más fiera aún que el toro, no se conforma y pide mas actos de valor. Y el torero, clava las dos rodillas en tierra a cortísima distancia del hocico del Santa Coloma. Le da dos enormes pases de pecho, sin alzarse de la arena. Al dar el tercer pase de rodillas, el toro se revuelve rápidamente y empunta a Gitanillo. Desde el primer instante se ve que el valeroso torero sufre enorme cornada, por el rastro de sangre que va dejando al ser llevado por las asistencias a la enfermería. Braulio sufría una cogida de unos treinta centímetros de profundidad que le rompió, entre otras partes, la vena femoral. El pronóstico dado en el parte facultativo era de muy grave. Estuvo varios días entre la vida y la muerte sufriendo terribles dolores. Tardó meses en recuperarse. Braulio, había hecho caso omiso de aquel consejo que veladamente le diera su amigo Sánchez Mejías en palabras escritas sobre una tarjeta. Tampoco éste debió de tomar muy en serio la advertencia del riclano, ya que años mas tarde, el torero-escritor moría a causa de una cornada. García Lorca lloraba la muerte del amigo: A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde... J. M. Larripa Mosteo
|
|
|