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05-02-2003. Dª Olga María Ramos:
Como cupletista y cupletóloga, deseo felicitarles por la
página dedicada al MAESTRO MONREAL autor, entre tantos éxitos, de uno de
los cuplés más famosos: "Las tardes del Ritz".Mi madre OLGA
RAMOS siempre elogió a este gran compositor, al que tuvo ocasión de
conocer y entablar amistad no sólo con él, si no con su esposa. En mi
libro "De Madrid al cuplé, una crónica cantada" y en mis
conferencias, menciono cómo el Maestro Monreal fue influencia definitiva
para que mi madre debutara en un local de Madrid en el que permaneció
durante 33 años.
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20-10-1974. D. Ramón Perelló
(letrista de Genaro):
Durante doce años colaboré con el maestro Monreal. No creo
necesario enumerar los grandes éxitos obtenidos, fruto de esta
estrecha y continuada colaboración, porque están en la mente de todos. Y
afirmo sin falsa modestia que fueron debidos, en su mayor parte, a la
exuberante inspiración del maestro cuyas melodías popularizaron su nombre
como compositor libre, y el mío como autor literario en proporción
mínima.
He dicho compositor ilustre porque Monreal no era solamente un autor de
canciones al uso; no era lo que en nuestro argot particular llamamos un
cupletero. No. Monreal un músico, todo un señor músico de acusada
personalidad y estilo inconfundible.
A nadie debió lo que fue; en cambio, fueron muchas y muchos artistas
incipientes que alcanzaron fama y fortuna merced a sus brillantes y
originales composiciones. Él -repito- no debió la fama a nadie, pero
muchos a él se lo debieron y se lo deben.
Con un pequeño armonio y su inseparable compañera hoy su viuda, la
excelente bailarina de nombre artístico Paquita Pagán que interpretaba con
donosura y garbo exquisitos las danzas que él componía, recorrieron
España y Europa entera en una forzosa bohemia de auténticos artistas,
compartiendo con templado ánimo estrecheces y holguras, alegrías y penas.
Monreal no era sólo un gran músico. Era, además un autodidacta en
posesión de una vasta cultura nada común. Había leído mucho, y con un
rígido sentido de selectividad, había asimilado lo bueno de cuanto leía.
Era conversador muy ameno. Poseía el talante, la tozudez y la inteligencia
de los hijos de su tierra aragonesa, orgullo de España, podría
decirse de él lo que antaño se dijo de don Miguel Echegaray: era gigante y
cabezudo.
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